Cáncer gástrico

Cáncer gástrico

El cáncer gástrico es un crecimiento incontrolado de las células del estómago al haber sufrido una alteración. Existen diferentes tipos, pero el más común, en el 95% de los casos, es el adenocarcinoma, es decir, el que se origina en las células de las glándulas de la mucosa del estómago.

Las causas exactas por las que se produce no se conocen, aunque existen diferentes factores de riesgo asociados a su desarrollo (ambientales, nutricionales, genéticos, etc.). No obstante, su incidencia en nuestro país ha ido descendiendo progresivamente en los últimos años.

En este contenido de MSD Salud podrás encontrar información acerca de qué es el cáncer gástrico, sus síntomas, factores de riesgo, diagnóstico y tratamiento, además de consejos útiles sobre prevención o alimentación.

Información Básica

¿Qué es el cáncer gástrico?

El cáncer gástrico es un crecimiento incontrolado de las células del estómago. Puede originarse en cualquiera de las tres capas de este órgano: la mucosa (donde se encuentran un conjunto de células especializadas llamadas glándulas), la muscular (donde están los músculos) y la serosa o el peritoneo (la membrana externa que rodea al estómago).

Tipos de cáncer gástrico

Más del 95% de los cánceres gástricos son adenocarcinomas, es decir, con un origen en las células de las glándulas de la mucosa. Existen dos subtipos principales de adenocarcinoma: el intestinal y el difuso, que se diferencian por unas características microscópicas propias reconocibles por el patólogo.

Mucho más infrecuente es la aparición en el estómago de linfomas, sarcomas, melanomas o tumores del estroma gastrointestinal (GIST, por sus siglas en inglés): enfermedades muy distintas al adenocarcinoma gástrico, por lo que tanto su diagnóstico y tratamientos son diferentes.

Relación entre el cáncer gástrico y el cáncer de esófago

En el esófago existen dos tipos de células: las escamosas y las glandulares. Así que, según en cuál de ellas se origine, el cáncer de esófago se clasifica en carcinoma de células escamosas o adenocarcinoma, respectivamente. De esta manera, se clasifican y tratan como cánceres de esófagos aquellos tumores malignos que originan en área en la que el esófago se une al estómago (unión gastroesofágica) o a nivel del musculo que divide el esófago del estómago (cardias) - y que irán creciendo hacía la unión gastroesofágica.

El cáncer de esófago suele originarse en la mucosa -su capa más interna- y crece hacia fuera a través de la submucosa y la capa muscular.

Perfil del paciente y pronóstico

El cáncer gástrico (adenocarcinoma) es el quinto tumor maligno más frecuente en el mundo y suele aparecer a partir de los 50 años con una frecuencia dos veces mayor en hombres que en mujeres, según datos de 2015.

En las últimas décadas la incidencia del cáncer gástrico en Europa, Estados Unidos, Australia y África ha descendido de forma continuada; en cambio, más del 50% de los casos se detectan en Japón y China.

En España, para el año 2020 será el noveno de mayor diagnóstico, según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), para 2020 el número de casos nuevos será de 7.577.

El pronóstico de este cáncer difiere mucho según el grado de evolución (estadio) en el que se encuentre en el momento del diagnóstico: la tasa de supervivencia de 5 años es del 31% si el diagnóstico se produce cuando el cáncer ya se ha expandido hacia los tejidos, órganos de alrededor o los ganglios linfáticos regionales, mientras que tiende a aumentar si su detección se realiza antes de que se disemine.

Estadios del cáncer gástrico

La evolución del cáncer gástrico se divide en cuatro estadios o etapas:

  • Estadio 0: En esta etapa, la más inicial, el cáncer se encuentra localizado en la parte más superficial de la mucosa, y se caracteriza por no producir metástasis.
  • Estadio I: El más favorable después del estadio O, en el que el tumor ha llegado hasta la capa más profunda de la mucosa (lámina propia) o la submucosa. Se subdivide, a su vez, en Estadio 1A, si no resultan afectados los ganglios linfáticos, y en 1B si existe afectación de 1 a 6 ganglios o si el cáncer llega a la capa muscular o la subserosa, aunque no exista afectación ganglionar (IB).
  • Estadio II y Estadio III: El nivel de afectación de la pared gástrica, así como el número de ganglios afectados por el tumor, son los parámetros determinantes para establecer en cuál de estas etapas intermedias se encuentra el paciente. El estadio II tiene mejor pronóstico que el III.
  • Estadio IV: en esta etapa ya se ha registrado una metástasis a distancia en otros órganos. Se trata de la etapa más avanzada y de peor pronóstico.

Síntomas del cáncer gástrico

El cáncer gástrico, a menudo, no produce síntomas en sus etapas iniciales y, cuando los produce, estos suelen ser inespecíficos; pudiendo también quedar explicados, en ocasiones, por otras afecciones médicas: una infección viral o una úlcera estomacal, entre otras. Algunos de los síntomas descritos del cáncer gástrico son:

  • Indigestión o acidez estomacal.
  • Dolor o molestia en el abdomen.
  • Náuseas y vómitos, especialmente vomitar los alimentos sólidos poco después de haberlos consumido.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Hinchazón del estómago después de las comidas.
  • Pérdida del apetito.
  • Sensación de que los alimentos se atoran en la garganta al comer.

Cuando el cáncer de estómago se encuentra en una fase más avanzada, se pueden detectar los siguientes síntomas:

  • Debilidad y fatiga..
  • Vómitos de sangre o sangre en la materia fecal.
  • Pérdida de peso sin razón aparente.

Algunos factores de riesgo del cáncer gástrico

Se han identificado una serie de factores de riesgo que hacen a una persona más propensa a padecer un cáncer gástrico.

Entre ellos, está el desarrollo de una infección por la bacteria Helicobacter pylori (H. pylori). Cuando esta infección es persistente por mucho tiempo, se asocia con inflamación y con cambios en el revestimiento interno del estómago de tipo precanceroso.

Entre los factores asociados al estilo de vida, podemos incluir la ingesta elevada de alimentos que contienen nitratos o nitritos (por ejemplo, la carne en conserva), o la ingesta elevada de sal, incluyendo las salazones (como alimentos ahumados o conservados en sal). Junto a estos, el tabaco es otro de los factores de riesgo principales, dado que la tasa de cáncer de estómago casi se duplica en los fumadores.

El ejercer cierto tipo de ocupaciones también podría tener una relación con este tipo de cáncer, como es el caso de trabajadores de las industrias del metal, carbón y goma.

Por otro lado, existen algunos trastornos genéticos que pueden aumentar ligeramente el riesgo de aparición de cáncer de estómago, como: la mutación hereditaria rara en el gen que codifica la proteína E-caderina (cáncer gástrico difuso hereditario), algunas mutaciones hereditarias que predisponen al cáncer en otras partes del cuerpo (BRCA1 y BRCA2), y el tener antecedentes de cáncer de estómago en los parientes de primer grado (progenitores, hermanos o hijos).

Además, algunas enfermedades o condiciones predisponentes son:

  • El reflujo gastroesofágico: un trastorno común en el que el ácido del estómago asciende desde el estómago hasta el esófago, y aumenta el riesgo de cáncer en la unión gastroesofágica.
  • La cirugía previa del estómago: la extirpación de parte del estómago causa mayor probabilidad de aparición de cáncer. Esto puede deberse a que se produce menos ácido gástrico, permitiendo la proliferación de bacterias en el estómago.
  • Los pólipos gástricos: aunque estos son bultos benignos en el revestimiento interno del estómago, existe un tipo que se denomina adenoma que, en ocasiones, puede derivar en cáncer.
  • La anemia perniciosa: la insuficiente absorción de vitamina B12 de los alimentos, también aumenta el riesgo de cáncer de estómago.
  • El linfoma de tejido linfático asociado con la mucosa (MALT): las personas que lo padecen tienen un riesgo aumentado de sufrir adenocarcinoma del estómago.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de gástrico?

Actualmente, el diagnóstico precoz de cáncer gástrico solo se realiza en algunos países de Oriente como Japón, donde su frecuencia es más alta. En cambio, en Occidente, debido a su baja prevalencia, no se ha demostrado eficaz realizar pruebas rutinarias en personas sanas antes de que presenten algún síntoma. Por el contrario, para realizar un diagnóstico de cáncer gástrico se siguen una serie de fases:

En primer lugar, se realizan una historia clínica y una exploración física. Después, las analíticas podrán determinar si existe anemia u orientar sobre la funcionalidad de algunos órganos, como el hígado o el riñón. En tercer lugar, y aunque no es determinante, se comprueba si existe un aumento de proteínas especificas en la sangre (marcadores tumorales) para orientar hacia la presencia de un cáncer. No obstante, conviene ser prudente, dado que no todos los cánceres producen elevación de marcadores y, por otro lado, los marcadores pueden elevarse por causas no tumorales.

A partir de este punto, suele ser necesaria la realización de otras pruebas:

  • La endoscopia digestiva alta utiliza un gastroscopio para visualizar el interior del esófago y el estómago. Además, la pinza del extremo del gastroscopio permite la obtención de una muestra para la realización de una biopsia.
  • Diferentes tipos de exploraciones radiológicas permiten diagnosticar el cáncer gástrico y/o estudiar su nivel de extensión: radiografía de tórax, radiografía simple de abdomen (para determinar si se ha producido una obstrucción en el estómago o el intestino), un estudio esófago-gastro-duodenal (para detectar lesiones a través de un contraste), ecografía abdominal o abdominopélvica (para estudiar el hígado o determinar si hay líquido libre en el abdomen), escáner o TAC o CT de tórax (busca recabar información sobre los pulmones, el corazón y los huesos del tórax), CT abdominal-pélvico (permite determinar la extensión del cáncer y si se ha producido metástasis) o resonancia abdominal (se lleva a cabo como prueba complementaria al escáner).

Además, existen otras pruebas complementarias que pueden ser utilizadas para el diagnóstico:

  • Ecografía endoscópica
  • Tomografía de emisión de positrones
  • Gammagrafía ósea
  • Laparoscopia

Tratamiento del cáncer gástrico

Existen diferentes tratamientos disponibles para el cáncer gástrico:

Resección endoscópica de mucosa

Cuando el cáncer se detecta en un estadio temprano, se puede evitar la cirugía empleando un endoscopio para eliminar el tumor y los bultos precancerosos del revestimiento del tubo digestivo.

La cirugía

Los tratamientos que se siguen más habitualmente, independientemente del estadio del cáncer son:

  • La gastrectomía subtotal: se extirpa la parte del estómago afectada por el cáncer, así como los ganglios linfáticos y parte de otros tejidos y órganos cercanos al tumor. A veces, puede que sea necesario extirpar también el bazo (que se sitúa en el costado izquierdo del abdomen).
  • La gastrectomía total: se extirpa el estómago, los ganglios linfáticos cercanos, parte del esófago, el intestino delgado y otros tejidos cercanos al tumor. También es posible que se extirpe el bazo. Se conecta entonces el esófago con el intestino delgado para que el paciente pueda comer y tragar.

La cirugía puede ser útil, además, en aquellos casos en los que el tumor está obstruyendo el estómago, pero, en ocasiones, no se puede extirpar por completo el cáncer mediante una cirugía estándar.

Podrá seguirse, entonces, alguno de los siguientes procedimientos:

  • Colocación de una endoprótesis endoluminal: consiste en la colocación de un tubo delgado que se expande para mantener una vía abierta (como las arterias o el esófago). Puede colocarse, por ejemplo, entre el esófago y el estómago o el estómago y el intestino delgado para permitir el paso normal de alimentos.
  • Terapia láser endoluminal: se utiliza un endoscopio (tubo delgado con una luz) con un láser, un haz de luz intensa que funciona como un cuchillo.
  • Gastroyeyunostomía: permite extirpar la parte del estómago afectada por el tumor que obstruye la entrada al intestino delgado y conectar, además, el estómago con el intestino delgado (concretamente, con el yeyuno) para permitir el paso de alimentos.

Quimioterapia

La quimioterapia puede ser sistémica (los medicamentos entran al torrente sanguíneo y pueden llegar a las células cancerosas de todo el cuerpo), o regional (si se administra directamente en un área determinada). Se puede utilizar como tratamiento neoadyuvante (antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor) o adyuvante (después de la cirugía para destruir cualquier célula cancerosa que haya quedado).

Radioterapia

En la radioterapia se pueden utilizar distintos tipos de radiación para destruir células cancerosas o impedir que se multipliquen. La forma en la que se administra dependerá del tipo y del estadio en el que se encuentre la enfermedad. Además, al igual que en la quimioterapia, se puede utilizar como tratamiento neoadyuvante o adyuvante.

Quimiorradioterapia

Consiste en la combinación de quimioterapia y radioterapia. Se puede administrar como terapia neoadyuvante, si administra antes de la cirugía, para reducir el tamaño del tumor, mientras que la adyuvante se administra después de la cirugía, con la intención de reducir el riesgo de una posible reaparición del cáncer.

Terapia dirigida

Las terapias dirigidas consisten en la administración de medicamentos u otras sustancias que pueden identificar y atacar de forma muy específica a las células cancerosas sin llegar a dañar las células normales (no cancerosas). En concreto, en el cáncer de estómago se emplean dos tipos de terapias dirigidas:

  • Terapia con anticuerpos monoclonales: los anticuerpos identifican sustancias concretas en las células cancerosas o sustancias que les ayudan a multiplicarse, se adhieren a las mismas y, o bien, destruyen este tipo de células, o impiden su proliferación o bloquean su diseminación por el organismo.
  • Inhibidores multicinasa: se trata de medicamentos que, una vez que entran en las células cancerosas, bloquean múltiples señales de aquellas proteínas que estas células necesitan para su división y multiplicación. Algunos inhibidores multicinasa también actúan como inhibidores de la angiogénesis (deteniendo el crecimiento de los vasos sanguíneos nuevos que los tumores necesitan para crecer).

Inmunoterapia

Esta terapia utiliza sustancias que permiten la activación del sistema inmunitario y le ayudan a encontrar y destruir las células tumorales.

Consejos Útiles

¿Cómo intentar prevenir el cáncer gástrico?

A pesar de que no existe una manera segura de prevenir el cáncer gástrico, se pueden seguir algunas medidas enfocadas a la prevención de sus factores de riesgo.

En las últimas décadas, se ha observado que la incidencia del cáncer de estómago ha descendido notablemente debido a que es más habitual refrigerar los alimentos que conservarlos mediante el uso de sal, vinagre o ahumándolos; entre otros factores de riesgo conocidos relacionados con la alimentación. Por tanto, para disminuir el riesgo podría reducirse el consumo de los productos ahumados o conservados en vinagre, así como las carnes o los pescados salados.

Además, podría disminuir el riesgo de cáncer de estómago una dieta rica en frutas, ensaladas y verduras frescas, considerándose especialmente beneficiosas las frutas cítricas. En general, es aconsejable escoger panes, pastas y cereales integrales, en lugar de los de granos refinados, y comer pescado, aves o habas en lugar de carnes rojas y procesadas.

Por otro lado, realizar actividad física ayuda a reducir el riesgo de cáncer de estómago, al contrario que el sobrepeso o la obesidad. Evitar el tabaco puede considerarse también como medida de prevención, dado que fumar puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de estómago proximal (la sección del estómago más cercana al esófago).

Además, ante la sospecha por parte de su médico de una infección por la bacteria H. pylori hay varias pruebas de confirmación que se pueden hacer: la más simple es una prueba de sangre que busca los anticuerpos que combaten dicha bacteria, si bien, también puede realizarse un procedimiento endoscópico, o una prueba de aliento para detectar cambios químicos tras tomar un líquido a modo de reactivo.

Por último, si presenta antecedentes familiares de cáncer de estómago o ha padecido cáncer de seno lobulillar invasivo antes de los 50 años, conviene consultar con el un especialista en genética, ya que puede haber un riesgo de padecer la enfermedad. Otro factor genético a tener en cuenta que aumenta el riesgo de cáncer de estómago es padecer el Síndrome de Lynch.

Alimentarse antes, durante y después del tratamiento

El desarrollo de un cáncer gástrico suele ir acompañado por una importante pérdida de peso y desnutrición, requiriendo algún soporte nutricional antes de someterse a una cirugía. Muchas veces, la anorexia, los vómitos o las hemorragias digestivas dificultan la dieta oral, por lo que se recurre a la nutrición artificial (enteral o parenteral).

Sumado a esto, el tratamiento del cáncer puede afectar a los hábitos alimenticios y la absorción de los nutrientes.

En rasgos generales, comer porciones pequeñas cada 2 o 3 horas puede ser una manera de que los alimentos sienten mejor al organismo, pero son los profesionales médicos o nutricionistas quienes mejor le podrán aconsejar sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento a través de la alimentación. En concreto, tras una cirugía en la que se ha extirpado todo o parte del estómago, suele ser recomendable:

  • Comer cantidades más pequeñas de alimentos más frecuentemente.
  • Mantener una postura recta durante algún tiempo tras la ingesta de alimentos.
  • Después de una extirpación de la parte superior del estómago, es aconsejable realizarse análisis de sangre periódicos para determinar si es necesaria la administración de inyecciones de vitamina B12 como suplemento, dado que el cuerpo la absorberá con mayor dificultad tras este tipo de cirugía.

Por último, algunos pacientes presentan náuseas, sensación de mareo, diarrea, sudoración, palpitaciones, sofocos, ruidos intestinales o cólicos, debido a que los alimentos pasan rápidamente al intestino. Esto se conoce como síndrome de evacuación gástrica rápida o síndrome de “Dumping” y es importante recordar que, a menudo, los síntomas se alivian con el paso del tiempo.

Algunos consejos generales para la dieta cuando se padece síndrome de “Dumping” son los siguientes:

  • No tomar líquidos con las comidas, sino después (unos 30-60 minutos más tarde) y limitarlos a 100-150mL por toma.
  • Como se ha mencionado previamente, seguir una dieta consistente en comidas pequeñas y frecuentes, cuyo número dependerá de la tolerancia de cada persona.
  • Comer despacio, masticando bien los alimentos.
  • Limitar la ingesta de carbohidratos simples y grasas, y aumentar los carbohidratos complejos y proteínas.
  • Evitar las temperaturas extremas de todas las comidas y bebidas.
  • Reposar de 20 a 30 minutos después de las comidas para retardar el tránsito de los alimentos desde el estómago al intestino.
  • Ha de comprobarse, además, si existe alguna intolerancia a la leche.
  • Se recomienda limitar la ingesta de grasa en pacientes con esteatorrea.
  • También se recomienda el consumo de frutas y vegetales, ya que la pectina que contienen y otras fibras solubles, retardan el vaciamiento gástrico y la absorción de carbohidratos.
  • Es conveniente limitar los alimentos con azúcares solubles.
  • Y, en caso de haber pasado por una gastrectomía, se complementará la dieta con hierro y vitamina B12.

¿Quieres saber más?

Cáncer gástrico: seguimiento y revisiones

Realizarse revisiones periódicas tras finalizar un tratamiento contra el cáncer de estómago es fundamental para que el profesional médico pueda valorar su estado, así como controlar los posibles efectos secundarios e instaurar, si fuera necesario, un nuevo tratamiento lo más rápido posible.

A este respecto, conviene recordar que, debido al riesgo de reaparición de la enfermedad, es importante realizar un diagnóstico precoz que permita establecer, cuanto antes, un tratamiento. Sin embargo, con el tiempo la frecuencia y el número de las revisiones irán disminuyendo, así como el riesgo de reaparición de la enfermedad: en general, durante los dos o tres primeros años tras el diagnóstico es conveniente realizarlas cada tres o cuatro meses, a partir del cuarto año cada seis meses, y a partir del quinto, anualmente.

Dichas revisiones suelen constar de una exploración, una analítica completa que determina parámetros del funcionamiento de todos los órganos, así como de ciertos marcadores tumorales; una radiografía de tórax que valora el estado de los pulmones, una ecografía abdominal (en la que se visualizan posibles lesiones en el hígado sospechosas de metástasis), un tac tóraco-abdominal (que es capaz de detectar lesiones pequeñas, debido a su mayor sensibilidad se realiza periódica y alternativamente con la radiografía de tórax y la ecografía abodominal), y una endoscopia, para visualizar el estado de la cicatriz del estómago.

Cualquier tipo de síntoma percibido –como pérdida de apetito o peso, aparición de dolor, cansancio, etc.– ha de ser referido al profesional médico, para que este pueda valorar si es necesaria la realización de más pruebas.

Por último, si durante el tratamiento fue necesaria la extirpación del bazo, este hecho puede llevar aparejada una disminución de la inmunidad y, por tanto, requerirá que el paciente reciba varias vacunas antes y después de esta intervención, además de tratamiento con antibióticos por el riesgo de infección.

Anatomía del estómago

El estómago, localizado en la parte superior y central del abdomen, es un órgano hueco del aparato digestivo, con forma de “J”, que se encuentra muy próximo al diafragma, al hígado, al páncreas, al bazo y al colon.

Desde el punto de vista anatómico, el estómago se divide en tres partes: el fundus (zona de unión con el esófago), el cuerpo gástrico, y el antro (zona antes del final del estómago). Además, cuenta con dos esfínteres: el cardias, que separa el estómago del esófago e impide que el contenido del estómago vuelva al esófago (lo que se conoce como reflujo gastroesofágico) y el píloro, que separa el estómago de la primera porción del intestino delgado, el duodeno. Tiene, así mismo, una porción curvada a la derecha (la curvatura menor) y otra a la izquierda (curvatura mayor).

En su interior, el estómago está cubierto por una mucosa con muchos pliegues. Esta capa contiene multitud de glándulas que se encargan de producir una serie de proteínas (enzimas) que continúan el proceso de la digestión que se inicia al masticar. Rodeando a esta capa se encuentra la submucosa, que a su vez está recubierta por una capa muscular constituida por múltiples fibras que le confieren resistencia y permiten la mezcla de los alimentos. Su exterior está recubierto por una membrana denominada serosa o peritoneo.

Asociaciones de pacientes

Guías de Pacientes

Multimedia

El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.